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El amor de Dios por lo jóvenes

Boris Ramírez   |   Devocional semanal

Junio 1 del 2021

"¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti." - Salmo 119:9-11

La Biblia dedica una parte especial a la instrucción de los jóvenes, esto nos enseña que Dios siempre ha estado dispuesto a en enseñarles para que vivan conforme a sus mandamientos y en obediencia a su voluntad. Algunos jóvenes afirman que nadie los quiere y que ninguno está interesado en lo que a ellos les pasa, por eso buscan llenar algunos vacíos de diferentes maneras, al llamar la atención de las personas que los rodean. Lo cierto es que el autor de las Escrituras ha dejado grabada la palabra joven en sus páginas con diferentes mensajes revelando el afecto de su voluntad amorosa y santa.

Amor en palabras escritas

Un ejemplo del amor de Dios por los jóvenes lo encontramos en el salmo 119: 9-11, en el cual nos enseña que desea que ellos vivan vidas apartadas del pecado. Y la única forma en que pueden logar este propósito piadoso y bueno es guardando los mandamientos que Él nos ha dejado escritos. Pero la osadía juvenil también viene acompañada por esa curiosidad que los lleva a interesarse en todo tipo de ideas antibíblicas que aprenden en su vida, en vez de confiar en la seguridad y la pureza de la Palabra de Dios.

Nuestro corazón no puede estar interesado en la Escritura y a la vez estar saboreando las ideas del mundo que nada tienen que ver con la voluntad de Dios. Permanecer en la Palabra del Señor es algo que requiere fe, oración continua, sabiduría y perseverancia en la obediencia; pero para desviarse de la verdad no se necesita mucho, porque esto puede ocurrir en cuestión de minutos.

La única manera como un joven puede vencer las tentaciones, para no pecar contra Dios, es guardando la Palabra en su corazón. ¿Pero esto como funciona en lo espiritual? La respuesta es que la Palabra nos habla de Cristo, y al estudiarla y guardarla le estamos conociendo a Él mismo (Juan 14: 6; Hechos 24: 27; Col 3: 16).

De esta manera cuando la verdad habita en nosotros, es Cristo mismo que mora por su Espíritu, el cual nos guía y nos guarda para que podamos vencer las tentaciones y tener vidas agradables a Dios (Juan 14: 17:18). Esta maravillosa verdad la encontramos también revelada en las palabras de Jesús: “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63).

Boris Ramírez

Boris Ramírez

Maestro de Artes, Ética y Filosofía
Arquitecto y Licenciado en Estudios Teológicos

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